Admito que hoy no tuve un buen día. De hecho no me ha sido nada beneficioso ni he podido sacar algo "positivo" de este día. Empezando mi rutina habitual desde las 7:00 de la mañana, he despertado del lado equivocado de la cama, podría decirse que me levanté "con el pie izquierdo" y que mi rostro, no contento con el resultado, expresó la más indiferente cara. ¡Es verdad! No he tenido un buen día, creí que las cosas podían mejorar en el transcurso de las horas, pero solo fueron pensamientos míos. Después de un largo periodo escolar, creí haber culminado con el "terrible pesar" que corría por mis venas mas estaba muy equivocada, la tortura recién comenzaba.
Mis ojos eran la evidente señal de mi cansancio, mi cuerpo estaba agotado de cada azote que recibía por parte del crudo destino. Es chistoso e irónico decir esto, pero cuando la gente me observaba y preguntaba por mi estado, yo decía firmemente en voz alta: "Me encuentro bien, lo juro"
No contentos con mi respuesta, insistían con curiosidad, mas mi decisión de callar y no hablar era firme como roca. No podía permitirme a mí misma que la gente que me rodeaba me viertan tan débil. Sé que lo soy, solo que no me gusta que la gente lo sepa y llegue a aprovecharse de ello sin piedad.
Temo. ¡Sí! Temo, ¿Pero a qué exactamente?
Nadie puede saber lo que siento.
Admito que no he tenido un buen día, no me fue bien. Nadie sabe por qué y no pienso hablar, callaré. ¿Por qué? Porque temo. Admito que el destino se ha puesto de acuerdo con la realidad para enseñarme una lección de la manera más dura posible.
Acerca de hoy. No tengo que decir.
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